MI ABUELA Y SWAMI PARAMAGURU Cuando mi abuela, Mrs. Thaiyal Muthammal, era una muchacha en Yaffna, oyó acerca de una persona divina conocida como Swami
Paramaguru. Él nació y vivió en el sur de la India pero pasó la parte final de su vida en Sri Lanka. Ella lo conoció por primera vez en Kirimalai, Sri Lanka. Poco después, Swami Paramaguru llegó a Matale,
construyó un ashram en el pueblo y se quedó allí. Era un santo iluminado, un "siddha" (perfecto). Solía vestir sólo una tela de color verde alrededor de su cintura. Rara vez se movía de su pequeño
ashram en Mandandawela. Solía sentarse muy quieto durante la mayor parte del día. Le gustaba comer solamente la pulpa púrpura de la fruta king yam o los porotos mung, nada más. En ese entonces, un famoso
líder político, Sir Ponnambalam Ramanathan, se convirtió en ardiente devoto del Swami y publicó un libro sobre él. Luego del samadhi (muerte del cuerpo físico) del Swami, Sir Ramanathan trajo un
Sivalingam de Kasi, en el norte de la India, y lo colocó sobre el lugar donde estaba enterrado el santo. Personas de todas las regiones de Sri Lanka, sabiendo que era un gran santo, iban para tener darshan del lingam.
Éste no era ningún sepulcro samadhi común y corriente, a Swami
Paramaguru se lo vio dejar su cuerpo en dos sitios al mismo tiempo en presencia de muchos devotos: en Matale y al pie del monte Kirimalai en Yaffna donde todavía puede verse su segundo sepulcro samadhi.Mi abuela,
como una devota niña, iba a ofrecer servicio a diario al anciano pero sabio Swami. Servía al Swamiyi cumpliendo con pequeñas tareas en el ashram y
cocinando la púrpura yam que a él tanto le gustaba. Un día, el Swamiyi le dijo a mi abuela: "Tú te casarás a los dieciséis años y tendrás tres hijos. Tu
única hija dará a luz a siete niños. El tercero, un varón, será llamado por el nombre del sol (mi verdadero nombre era Prem Kumar, pero mi apodo era
Ravi, que significa 'sol'). Este niño tendrá poder divino y conocimiento espiritual, lo que se hará manifiesto en su séptimo grado. No vivirá una vida
mundana, sino espiritual. Dará servicio divino por todo el mundo. Tú debes tomar responsabilidad por él y criarlo. No obstruyas su crecimiento espiritual." Tal como dijo, nací en Mandandawela como el tercer hijo de su
hija, Pushpakanthi. El primero fue una niña y el segundo un varón.Mi abuela le contó a mi madre acerca de las palabras del hombre divino. Cuando mi padre oyó
esto no se alegró en absoluto porque no estaba interesado en la vida espiritual. De cualquier manera, yo estaba más apegado a mi abuela, quien me crió sobre todo con ella en su casa en
Kubiankoda Kottuwageddara, cerca de Udipili. Ella me amaba y me cuidaba mucho. Éramos inseparables. A mí me gustaba servirle comida y lavar su ropa y yo también la amaba mucho.
MIS DÍAS DE ESCUELA Primero estudié en una escuela cristiana, un convento de Matale.
¡Debo admitir que era muy diablillo cuando era niño! ¡Incluso desde esa joven edad solían castigarme por travesuras que en realidad yo no cometía! Por ejemplo, yo tenía un amigo íntimo que estudiaba conmigo
en el convento. En los terrenos de nuestra escuela había un pozo muy grande y muy profundo y a los alumnos no se nos permitía acercarnos a él. Mi travieso amigo arrojó un coco y las ropas de algunos
estudiantes al pozo y luego difundió la falsa murmuración que alguien se había caído dentro. Todos en la escuela estaban muy tensos y muchos padres se alarmaron y fueron a buscar a su hijo. Más tarde,
los bomberos mandaron a sus hombres a que buscaron en el pozo pero no pudieron encontrar un cuerpo, sólo la ropa. El director de la escuela estaba furioso y empezó a investigar. Parecía que mi amigo estaba a
punto de ser descubierto, ¡pero él apuntó su dedo hacia mí! Yo acepté la culpa por el bien de mi amigo. Mi hermana mayor, Babakka, se metió en dificultades y fue reprendida por "mi comportamiento" también. Aun
desde esa edad me habitué a ser castigado por travesuras que no hacía.
Después de eso estudié en el Colegio Christchurch. Fue allí que mis inusuales poderes comenzaron realmente a manifestarse a otros que no eran de la
familia. Yo estaba en séptimo grado. A veces decía cosas a mis amigos en chiste, pero, extrañamente, lo que decía realmente llegaba a suceder. Yo era bastante aplicado en la escuela y, en esa época, solía lograr máximas
calificaciones. Por supuesto había mucha competencia con los demás. Un día, un chico me desafió que él obtendría el primer lugar en el siguiente examen porque estaba en verdad muy preparado. Automáticamente
respondí que sí, que se había preparado bien, pero que lamentablemente no podría asistir a la prueba. Todos se rieron, creyendo que yo hablaba por celos. Pensé que no debí haber hablado así, pero al momento del examen
ese chico no apareció. Resultó que él y su familia fueron todos internados en un hospital por intoxicación, ya que una lagartija venenosa había caído
en su comida sin que el cocinero lo notara. No pensé demasiado en ello, pero cuando se recobró, el muchacho vino y me preguntó: "Prem, ¿cómo
supiste que yo no podría presentarme al examen?" Contesté: "Eh, vamos, lo dije en broma, y de hecho es una coincidencia."
Tras este incidente, mis amigos solían venir a preguntarme en burla qué notas obtendrían en la prueba o si pasarían o reprobarían, qué comida les enviarían sus padres para el almuerzo ese día y
cosas así. Con el correr del tiempo, y viendo que todo lo que yo predecía se cumplía, dejaron de reírse. Empezaron a respetarme un poco. Después que terminaron los exámenes finales de mi
séptimo grado, yo estaba disfrutando las vacaciones con mi abuela. Una compañera de clase, Diya, fue a verme. Estaba llorando porque pensaba que no pasaría la evaluación. Traté de
consolarla y le pregunté si alguien estaba por casarse pronto en su casa. Se asombró y dijo que sí, su hermana mayor se casaba en una semana. Le dije que debía gozar de las celebraciones y
que definitivamente ambos pasaríamos al octavo grado. Ocurrió tal como dije. Pasó el examen con la nota límite. Estaba muy agradecida y la noticia sobre esto se esparció por toda la escuela.
Posteriormente, una maestra me preguntó si el hijo que tendría pronto sería una niña o un varón. Le dije: "¡Ambos!" Quedó confundida, pero más tarde dio a luz a mellizos -- una niña y un varón.
La noticia de mi don se difundió entre estudiantes, maestros y padres y muchos de ellos iban a verme.
Pronto llegó el punto crucial de mi vida. Empecé a visitar las casas de mis amigos a su pedido para ayudarles a ellos y a sus familias. Faltaba a la escuela para verlos porque mi abuela no me
dejaba ir innecesariamente a las casas de mis amigos. En un lugar, el padre de un amigo me preguntó si podría comprar una casa. De forma casual pregunté "¿Por qué? Usted ya tiene una
casa propia tan grande, así que ¿cuál es la necesidad de comprar otra?" Se sintieron confundidos y el padre dijo que ésa no era su propia casa y que se la estaban alquilando a su primo. Dije: "No,
ésta es su casa." Y me marché. Dos meses más tarde, mi amigo y sus padres llegaron a mi casa con una ofrenda religiosa tradicional: un plato con hojas de betel, frutas, flores y dulces. ¡Se
inclinaron y me adoraron! Dijeron que tal como yo había dicho, entraron en posesión de la casa. Parece que el propietario anterior se la había dado al padre de mi amigo como empeño a cambio
de dinero que luego no pudo devolver. En consecuencia, ahora la casa pertenecía al padre de mi amigo.
Mi abuela llegó a oír sobre todo esto y recordó las palabras del sabio santo. Desde ese momento empezó a educarme espiritualmente, preparándome para convertirme en un hombre para servir a
Dios. Me llevó a muchos templos, a peregrinajes y a conocer personas santas, tal como el gran Yoga Swami. Los diferentes tipos de experiencias espirituales interiores que tuve toda la vida
comenzaron a incrementarse. Aparte de que mis palabras se hacían realidad, había otras clases de hechos milagrosos en torno a mí. No puedo mencionar todos estos signos divinos. Ocuparía
todo un libro describirlos a todos. Los explicaré lentamente en futuros artículos. Mis padres no querían en absoluto seguir una vida espiritual. Decían que era pura tontería; ellos eran un gran
obstáculo para mí. Aunque veían que ocurrían milagros conmigo y que mis palabras se hacían realidad, quedaban fascinados con estas cosas pero todavía estaban en contra de mi decisión de seguir el sendero espiritual. Hasta ese momento yo no era vegetariano. Sin embargo, mi abuela y los padres de mis amigos que sabían sobre mis poderes divinos ¡no querían darme carne! Todos decían que sería un pecado
contra Dios. Así que por ellos cambié a una dieta puramente vegetariana. Empecé a pensar mucho en Dios y examiné en lo profundo de mí las facultades paranormales que poseía. Comencé
a sentir un poder divino en mi cuerpo y experimenté una gran energía dentro de mí. Tomé la decisión consciente de convertirme en discípulo de lo Divino y de seguir Su guía que provenía de
mi interior. Entendí que debía servir a la gente y ayudarla en sus aflicciones mentales y en su pobreza física. Supe con seguridad que un papel importante para mí era dar de cualquier modo
que pudiera a quienes lo necesitaran. Y entonces empecé mi vida espiritual. |