Comienza Mi Misión Poco después de mis importantes decisiones de servir a la humanidad y ayudar a aquéllos que lo necesitan, surgieron diversos problemas. En primer lugar, en Matale no
había monjes hindúes. Incluso el Ashram de Swami Paramaguru no estaba funcionando por falta de mantenimiento. No había nadie que pudiera darme guía espiritual. Mis padres y parientes se oponían a que yo llevara una
vida espiritual. Mis nuevos 'devotos' (los padres de mi amigo) me pidieron que me alojara con ellos. Y entonces me hospedé con la familia Sountharanaiagar Gunaratnam durante algún tiempo. Nuevos devotos
llegaron para conocerme en esa casa. Empezaron a traer a sus familias y amigos. Yo también empecé a madurar espiritualmente. Más
y más devotos vinieron. Su número se incrementó rápidamente y ellos pensaron que yo debería estar en un sitio donde todos pudiesen ir libremente. Así comenzó a formarse mi primer Ashram.
Me sentí inspirado a meditar aún más. Medité casi 20 horas por día durante un período de cuarenta días. Tuve muchas experiencias espirituales.
Recuerdo que de niño había saboreado lo Divino en muchas ocasiones pero no había entendido demasiado lo que me estaba pasando. Cuando apenas gateaba ya podía hacer que las cosas
ocurrieran o desear cualquier artículo o alimento y éstos aparecían en mis manos. En la escuela, cuando pensaba demasiado en diferentes deidades o en las vidas de santos, solía caer en un
estado semiconsciente. Me sentía invadido por un gozo inaguantable y me desvanecía y dejaba el cuerpo. ¡A veces tenían que mandarme a casa en taxi! Cuando tenía alrededor de 10 años, a
menudo ansiaba visitar a mi tía en Colombo. Simplemente pensaba en ella y encontraba que estaba con ella. Ella preguntaba a mi madre cómo era que a un niño tan pequeño se le permitía
viajar cuatro horas solo a Colombo. Entonces descubrían que yo estaba en realidad en dos lugares al mismo tiempo -- con mi tía en Colombo y con mi mamá en Matale. En tales ocasiones
sentía como si mi cuerpo estuviera en un sueño. Cuando tenía 12 años me encerré una vez en un cuarto por tres días. Le dije a mi familia que estaba enfermo -- pero en realidad estaba en un
elevado estado de embriaguez divina. Al tercer día mi hermana, Babakka, se asustó por mí y me espió por el tragaluz del techo. Le dio un miedo terrible porque me vio cubierto de rayos de luz
dorada, sentado erguido en la postura de loto. Ahora estaba tratando conscientemente de alcanzar lo Divino y el origen de los poderes yóguicos
que se me habían concedido. Al cuarto día oí una voz que dijo: "Tú estás bendito con poder divino. No es que tus palabras se hagan realidad sino que Dios habla a través de ti. De ahora en
adelante debes hablar de Dios a tus devotos. Tu misión en este mundo es hacer entender a tanta gente como sea posible que Dios existe." Desde ese día empecé a hablar principalmente de lo
Divino a todos. Les decía que ahora había dedicado mi vida a dirigir a los devotos hacia Dios. Que ahora Dios estaba siempre en mi conciencia y que era parte de cada acción y pensamiento míos
todos los días. Les aseguré que estaba tratando de compartir con ellos este poder y este conocimiento que Dios estaba dirigiendo a través de mí. Procuré elevar sus pensamientos y
ayudarlos a alcanzar ese poder grande e infinito que llamamos Dios que existe más allá de la experiencia de nuestros sentidos y que es la fuerza esencial detrás de todo en el universo. INICIACIÓN A LA VIDA MONÁSTICA Yo solía usar ropa blanca sencilla (un dhoti y un chal). La hija de uno de los devotos, Shantha, estaba un día hablando conmigo y
me dijo: "Usted tiene algunos poderes extraordinarios y por eso debería vestir el hábito naranja de los sanniasis, los monjes. Pero sería mejor si su ropa blanca se tornara naranja enfrente de los
devotos. No debería simplemente empezar a usar ese color." Me sentí un poco confundido acerca de qué hacer y medité sobre ello. Recibí inspiración interior y llamé a mis devotos para decirles que
el último día del festival de la Madre Divina (el festival hindú de Navarathri), mi ropa blanca se convertiría en el hábito naranja de
un sanniasi (renunciante). Les dije: "De ahora en adelante no me llamaré más Ravi Swami sino que seré Swami Premananda. Todos vosotros debéis venir para esta ceremonia." En la noche de
Viyaiadasami, la culminación de las festividades Navarathri, la habitación donde yo estaba sentado en oración y contemplación estaba llena de devotos esperando ansiosamente para ver
este milagro. Una gran vibración espiritual entró al cuarto de oración y mis ropas blancas nuevas lentamente se tornaron naranja. Sentí una gran y maravillosa energía circulando por todo mi
cuerpo a través de mis venas, mi corazón y mi mente. Desde entonces, fui conocido como Swami Premananda. Muchos de quienes presenciaron mi "iniciación en sannias" todavía viven y aún hablan acerca de su experiencia.
EL SUFRIMIENTO ME HIZO FUERTE Y PACIENTE Pasé por muchas dificultades y muchos sufrimientos en las primeras etapas de mi vida espiritual,
pero no es necesario hablar de todos ellos. Las dificultades que encontré me hicieron fuerte y acrecentaron más y más mi fe en lo Divino. Os contaré un poco para mostraros cuánto luché
para crear un entorno espiritual para todos mis devotos y adoradores. Como ya mencioné, el primer y más agonizante problema que enfrenté fue el de mis padres y parientes. Ellos estaban
total y absolutamente en contra de mi vida sanniasi de renunciación al mundo. Mis padres querían obligarme a ser un gran hombre de negocios. Puesto que yo era brillante en la escuela, mi padre
me había imaginado como un exitoso comerciante. Cuando averiguó que yo había dejado mis estudios y estaba siguiendo el sendero espiritual quedó enfadado y decepcionado. Estaba tan
irritado que me gritó que yo me vaya al infierno. Dijo que el prestigio y el buen nombre de nuestra familia estaban siendo arruinados por mi vida y comportamiento absurdos e inútiles.
Todos mis parientes unieron fuerzas para tratar de hacerme abandonar esta supuesta 'tontería.' Esto era una agonía mental muy grande para mí ya que nunca esperaba tales cosas de mis
propios padres y de mi propia familia. Más tarde, cuando ellos comprendieron que yo estaba tan firmemente resuelto a seguir el camino divino, me abandonaron y no quisieron saber de mí. Yo era como un huérfano.No obstante, todavía tenía el apoyo y el amor de mi abuela. Ella era una gran alma y poseía un
corazón lleno de devoción. Incluso ella tuvo que sufrir por el bien de mi sendero espiritual. Un grupo de personas se opuso a mí y a mi incipiente misión. Ellos temían a mi crecimiento
espiritual y a mi popularidad. Organizaron un complot en mi contra. Un día, cuando yo estaba en la casa de mi abuela, llegaron con diversas armas y atacaron la casa. Mi abuela y yo salimos
corriendo de la casa y escapamos. Al regresar al día siguiente, encontramos que habían dañado toda la casa y nos habían dejado sin siquiera un techo. No teníamos dónde ir, porque mis padres
nos habían abandonado. Devotos y amigos ofrecieron su ayuda hasta que las reparaciones estuviesen terminadas pero este incidente trastornó mentalmente muchísimo a mi abuela. Poco
después ella murió. Yo sentí mucho su pérdida pues ella era mi auténtica e íntima auxiliar. Ahora estaba realmente solo.
Ahora que mi abuela había fallecido, yo en verdad no sabía qué hacer. Muchos amigos y sus padres y aquéllos que eran mis nuevos devotos me pidieron que me alojase con ellos e hiciera
servicio espiritual. Había un nuevo problema. ¿A la casa de quién debía ir? Cuando me hospedaba en una casa, los otros ponían cara larga o se sentían celosos y enojados. Esto no era sólo por su
afecto por mí. Había otras razones -- casta y posición social. La gente que pertenecía a una casta (en Sri Lanka y en la India la casta es el linaje) no apreciaba que yo fuera a la casa de
gente de casta inferior. A quienes eran de buen vivir con una buena posición no les gustaba que yo visitara a los devotos pobres y de baja condición. Pero vosotros veis que yo nunca tuve
sentimientos así. Yo sentía y decía que a los ojos de Dios todos son iguales y que por eso no debíamos discriminar de esa manera. Los devotos no estaban preparados para estar de acuerdo
conmigo y muy pronto empezaron a jugar a la política conmigo. Esto fue otra preocupación y otro obstáculo para mi vida espiritual y para el crecimiento de mi misión. Sin embargo, a pesar
de tales reveses, mi popularidad crecía constantemente y con ella crecía la animosidad en ciertos sectores de nuestra sociedad de Matale.
Matale era esencialmente una comunidad budista, aunque cristianos, hindúes, budistas y musulmanes armoniosamente convivían unos con otros. No había líderes espirituales hindúes,
aunque había templos y sacerdotes. Yo tenía devotos budistas, pero ciertos elementos querían detener mi misión en sus primeras etapas. Cada vez que me veían caminando por la carretera o
en un lugar común, cruzaban comentarios desagradables sobre mí, diciendo: "Mirad, ahí viene el famoso impostor. Bendigámosle para que se vaya al diablo." Me criticaban y se burlaban de mí.
Trataban de avergonzarme, pero yo soporté todas sus observaciones con paciencia, porque comprendía que ellos no eran capaces de nada mejor.
Intensifiqué mis prácticas espirituales. Hacía puyas con mucha frecuencia, meditaba y me concentraba más y más en lo Divino. En tanto más profundamente entraba en mí
espiritualmente, más gente se sentía atraída a mí. Mis amigos y sus familias que me habían apoyado al principio se pusieron molestos porque ya no tenía demasiado tiempo para ellos. Yo
necesitaba más tiempo para quienes estaban en aflicción y que llegaban a mí para que los guíe y también para algunos sinceros aspirantes espirituales que me necesitaban. Mis viejos amigos
decían que era gracias a su arduo trabajo que yo me hice popular y que ahora yo no les prestaba atención. Sentían que yo no era fiel a ellos y que los estaba abandonando.
Yo respondí: "No fue sólo por vosotros que yo crecí espiritualmente -- fue por Él, el Divino, y Él os utilizó para presentarme al mundo para ayudar a la humanidad. Si no hubierais sido vosotros
alguien más lo habría hecho. Si no creéis lo que digo, id y tratad de crear otra personalidad espiritual como yo. El crecimiento espiritual no llega en virtud de ayuda externa. Toda la ayuda
proviene de Él, de lo Divino." Pero ellos no podían entender lo que les explicaba. Había otro punto que me entristecía. Mi educación cesó por completo. Me dediqué enteramente
al terreno espiritual a temprana edad y no pude continuar con mis estudios. Hacia el final de mis días de escuela no podía estudiar bien porque todos los niños y maestros estaban siempre
pidiéndome que prediga cosas o trayéndome sus problemas. Mis estudios fueron totalmente perturbados y así mi educación se estancó y finalizó cuando yo estaba en noveno grado. Para
entonces, recibía visitantes todos los días. Aun ahora, todavía siento mi falta de educación y por eso siempre, sin falta, aconsejo a la gente joven que estudie mientras son jóvenes, aunque
tengan un sentimiento fuerte por la espiritualidad. Es esencial que terminéis vuestros estudios antes de tomar cualquier otra decisión importante en vuestras vidas. |