¿Os habéis preguntado alguna vez cómo sería la vida si nos restringiéramos de todos los lazos y valores mundanos, al menos por unos días? Dejad de lado vuestras ostentosas prendas y vestíos con ropas amarillo pálido, usad zapatillas de goma planas en lugar de vuestros elegantes zapatos, comprometeos con la divinidad y puede que os acerquéis a la eterna felicidad. Adorando al Señor Shiva, el creador del mundo, la ceremonia de Mahashivaratri está a la vuelta de la esquina. Así, es tiempo que comparemos esta felicidad mundana con aquello que surge con la espiritualidad.
Apartándose de los lazos materialistas, que son meros deseos, apegos y hábitos, a uno le puede resultar fácil encontrar los verdaderos valores de la vida. Mucha gente de todo el mundo de todas las condiciones de vida se siente atraída hacia un milagroso Ashram en Fathima Nagar, en Trichy, la India, para hallar el sendero que les acerque a la espiritualidad. Y, sorprendentemente, muchos de esos buscadores eran extranjeros, principalmente de países occidentales tales como Francia, Gran Bretaña, Polonia, Dinamarca, Holanda, Alemania y países asiáticos tales como Japón. Muchos devotos eran de la India y Sri Lanka. Experimentar una vida remota en medio de esta diversidad y muchas controversias en este Swami Premananda Ashram en Trichy, la India, era, en sí mismo, milagroso.
Bendiciones y felicidad
“Dedicad al menos algo de vuestra energía a la noble tarea de cultivar la devoción (bhakti) y de ofrecer servicio desinteresado (seva) y caridad (dana) a otros. Lentamente obtendréis paz mental,” Swami Premananda enseña a sus devotos. Vestido en simples túnicas amarillas, Swami Premananda se sienta enfrente de todos sus devotos, habla jovialmente y debate con ellos siempre con una agradable sonrisa. Para los devotos, su misma presencia les trae bendiciones y felicidad a sus atormentados corazones.
Su objetivo, como siempre lo enfatiza, a hacer de un budista un buen budista, de un hindú un buen hindú, de un cristiano o católico un maravilloso seguidor de su religión. Para ser mejor persona uno debe seguir las enseñanzas de un gran Maestro, con sinceridad y dedicación.
El Ashram, convertido ahora en 700 acres de tierra plenamente desarrollados posee un hospital, un orfanato que cuida de alrededor de 1.500 y muchos kutis para alojar devotos. Muchos trabajadores cuidan de los árboles, las plantas, los arbustos y los prados con toda dedicación y suma devoción. Los devotos tienen gran cuidado de no dañar las plantas y algunos incluso extienden su caridad al punto de cuidar las plantas protegiéndolas de los severos rayos del sol.
Casi todos los árboles y las plantas fueron donados por devotos de todo el mundo, ya sea como semillas o como plantas. Así, aun en este típico clima del sur de la India las flores florecen de a cientos y los árboles preservan su verde exuberante. La deseada belleza del corazón humano está verdaderamente representada en el entorno. Esta tierra, antes cubierta de cientos de arbustos espinosos, ha sido convertida en un paraíso.
En este Ashram, Mahashivaratri es un día altamente espiritual para los devotos. El concepto y la adoración del Señor Shiva es eterno y no tiene principio, de acuerdo con el Sanathana Dharma. Según el hinduismo, la idea de rendir culto al Señor Shiva ha sido comprendida por seres vivos desde tiempos inmemoriales. El Sanathana Dharma enseña que el Señor Shiva existe en todos los seres de manera muy sutil. El símbolo del Señor Shiva es el Lingam. Tanto los Shaivas como los Vaishnavas creen que el Lingam es una forma sagrada simple y significativa que simboliza al Señor Shiva.
Fuerzas espirituales
La ceremonia clave del Ashram en Mahashivaratri es el Lingothpawam, en el que Swami Premananda materializa estos Lingams que se forman en su cuerpo, seguido de una milagrosa emanación de ceniza sagrada (vibhuthi) de todo su cuerpo. En ocasiones, el ‘Vibhuthi’ pesa hasta 10 ó 12 kilogramos. “Los Lingams se forman en mi cuerpo durante nueve meses del año y emergen de mi boca en el tiempo de Shivaratri.
Son estos Lingams los que doy a los Centros Sri Premananda establecidos por todo el mundo,” explicó Swamiyi durante sus sesiones interactivas con los devotos. Ellos creen firmemente que estos Lingams contienen una gran cantidad de energía potencial y la energía se libera si el devoto observa ciertos rituales y recita en su presencia los mantras designados. Como explica Swami Premananda, estos Lingams poseen un poder no sólo para quitar la fuerza negativa que genera tensiones mentales, problemas y enfermedades, sino que también vierte energía espiritual en el corazón y la mente.
“Puede que el devoto sensible sienta esta acción, pero mayormente esta tan beneficiosa acción no es percibida debido a su sutil funcionamiento interior. Las fuerzas espirituales de los Lingams actúan y reaccionan con los karmas (efectos de acciones pasadas), samskaras (estados mentales) y sankalpas (tendencias y apego) de los aspirantes,” dijo Swamiyi.
En este momento sagrado, sin tener en cuenta el color de la piel, el idioma que hablen, los devotos vitorean al Señor Shiva con similar credo y devoción – Om Nama Shivaia, Adorad el nombre lleno de gracia del Señor Shiva.
Allí, en el Ashram, todos tienen un único objetivo. Lograr paz interior y tranquilidad desarrollando espiritualidad en sus almas; comprender y acercarse al gran poder y a la gran inteligencia que existe más allá de nosotros y que activa todo. Sobre todo, disfrutar una belleza divina de una vida libre de dificultades con la gracia de Dios.
Para todos estos devotos el servicio genuino a este gran poder es el servicio desinteresado. “Yo no necesito nada para mí,” dijo Swami. “Dadles a los niños necesitados las comidas que necesitan, ropas para vestirse, un lugar donde dormir, educación, entrenamiento espiritual, cultural y práctico. Ayudando a ellos me estáis ayudando a mí y haciéndome feliz,” dijo él. A través de eso recibid la gracia de Dios.
Así, en el Ashram, uno podía ver solamente una gran unidad entre la diversidad. Se puede estar o no de acuerdo con ciertos conceptos y rituales, y puede que algunos disientan. No obstante, hay un hecho inequívoco – en tanto más nos alejemos de los deseos mundanos, más se arraigarán en nuestros corazones la paz y la armonía. La paz y la armonía se preservan en el Ashram.
Los devotos regresan a su hogar portando la felicidad eterna del Ashram en sus purificados corazones.
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